“¿Pero y qué tal si lo hago mal?, ¿Qué tal si mi proyecto no sale como esperan? Ante un fallo o error, ¿Qué pueden decir mis jefes/familia/pareja de mí? “Estas preguntas se reducen a una muy básica: ¿Qué pasa si me equivoco?
No tengo manera de saber lo que estás pensando ahora mismo, pero yo me encuentro con una sonrisa asintiendo con la cabeza y admitiendo que esas preguntas han resonado en mi pensamiento. Así es que bien, te invito a que exploremos juntos lo que surge en el camino de No tengo manera de saber lo que estás pensando ahora mismo, pero yo me encuentro con una sonrisa asintiendo con la cabeza y admitiendo que esas preguntas han resonado en mi pensamiento. Así es que bien, te invito a que exploremos juntos lo que surge en el camino de la imperfección.
A través del tiempo, los estándares de como las relaciones humanas funcionan van transformándose, nuevas formas de “entender” lo que es correcto o incorrecto emergen de esas relaciones, de las costumbres y de los contextos. Nos encontramos en una era donde las tecnologías de la información han evolucionado de manera sorprendente, haciendo el trabajo de las personas cada vez más preciso y ordenado, procurando constantemente reducir los riesgos del error. En la actualidad vivimos como una serie de generaciones con acceso a información como nunca antes, teniendo a nuestro alcance información valiosa que puede proveernos de cómo cuidar de la alimentación, de cómo administrar las finanzas, la salud, la mente y el cuerpo; sin embargo “somos las personas más obesas, medicadas y adictas de la historia” dice Brené Brown, investigadora que ha pasado la última década estudiando temas como la vulnerabilidad.
Regresemos a nuestra pregunta inicial ¿Qué pasa si me equivoco? La respuesta es que no lo sé con certeza. Lo que sí puedo decirte es que paradójicamente el error es algo que vamos a cometer a lo largo de la vida. Piensa por un momento cuando aprendías a caminar, tuviste que empezar por algún lado, por el ensayo y error: aprender a estar en equilibrio, tropezarse, uno que otro sentón; o ¿qué me dices de cuanto empezabas a hablar?, quizá decías algunas palabras en forma graciosa, o incompleta, o al revés, y hasta que practicar y practicar con otros te hizo notar las formas precisas de hacerlo. Entonces si equivocarnos es una parte natural del aprender ¿Por qué de adultos puede parecer como algo tan duro de sobrellevar?
Reconocerte como una persona imperfecta abre la puerta a darte permiso de saberte perfectible todo el tiempo y a cada instante, a tener un poco de compasión contigo y con tus propios estándares de lo que puedes estar entendiendo como lo que “está bien” hacer o ser. Podemos caer en la trampa de querer demostrar algo: “querer que el jardín esté precioso”, “querer que la organización sea perfecta”, “querer que tus niños sean lo más educados”, “querer que la casa esté siempre limpia”. Yo quiero decirte que es importante recordar, corrijo: siempre decirte a ti mismo, lo valioso/a que eres, aceptarte y abrazar esa parte de ti. Validarte también significa validar tu proceso y tu historia.
Cometer errores, nos hace sabernos imperfectos, ser imperfectos, nos lleva a sentir vergüenza, esta a su vez a tener la sensación de sentirse expuesto o vulnerable y esto último a sentir que no eres suficiente o que no lo estás haciendo suficientemente bien. Toma un momento, pausa; recuerda que estás en el camino. Es por esto que apreciarte y validarte con todos tus matices (aciertos y errores incluidos) es vital para tu crecimiento emocional.
Quiero compartirte 4 puntos que tienen las personas que son resilientes para afrontar la vergüenza; y que definitivamente tú puedes poner en marcha: (Brown, 2010)
1. Nombrarla. Reconocer qué mensajes y expectativas la desencadenan.
2. Hablar de ella. Se acercan a personas en quienes confían para compartir su historia.
3. Reconocer tu historia. Utilizan el pensamiento crítico para reconocer que ser imperfecto, no es lo mismo que ser inadecuado.
4. Contarla. Cuentan cómo se sienten y piden ayuda.
Reconocer tus errores es validarte, es en otras palabras, darte el lugar que te mereces, la atención que necesitas para atender ese “algo” que está allí y que solo tú sabes que está y dar el siguiente paso para poder hacerte cargo de ello. El cambio está en ti, ¡tú puedes! Agenda una cita y déjame ayudarte a lograrlo.
“la vergüenza es el sentimiento o la idea intensamente dolorosa de creer que somos imperfectos, y por tanto no merecedores de recibir amor ni de pertenecer” –Brown.

